domingo, 10 de junio de 2012

La comunicación y la ética


Los medios de comunicación audiovisuales son una de las expresiones de la modernidad. El proyecto de lo moderno surge con el iluminismo francés y abarca tres esferas autónomas: la ciencia, la moral, y el arte. Procuraba el enriquecimiento de la vida cotidiana con el empleo de una cultura especializada, “organización racional de la cotidianeidad social”. Sin embargo en el siglo XX esta cerrada autonomía manejada por especialistas se preservó escindida de lo cotidiano. El proyecto de lo moderno - Habermas - en el siglo XVIII se sustentaba en el desarrollo de una ciencia objetiva una moral universal y un arte independiente, al mismo tiempo proponía una racionalidad cognoscitiva-instrumental, una racionalidad moral-práctica, y otra racionalidad estético-expresiva. El cine es un producto de la modernidad, le confirió potencialidad de desarrollo a la dimensión de racionalidad estético-expresiva. Un sinnúmero de producciones sustentadas por una producción discursiva con fundamento filosófico, posicionamiento político, y visiones críticas de la realidad social han llegado al campo popular gracias al cine, paradójicamente y en correlato con las contradicciones sociales, el cine también es un producto de la sociedad de masas. Sirvió a gobiernos totalitarios y al gran negocio hollywoodense, paradigma de masificación. Desde las comedias románticas de los años 50’s a los thrillers de los 90’s, o el cine que muestra las miserias del mundo como en "La fiebre del oro”(Chaplin 1925), “Tiempos modernos” (Chaplin 1927). En estas obras se combina entretenimiento y humanismo una misma producción de sentido, digna del pensamiento filosófico del iluminismo capaz de hacer llegar gran parte de la sociedad una mirada que expresa los problemas sociales de un momento histórico. Provocadora y sensible a su época. No son pocos los que han cumplido con esta misión ética de la modernidad, movilizados por miradas críticas e innovadoras que cuestionaron lo políticamente correcto. El cine como espejo crítico que muestra los dilemas del sujeto desde casi todos los ángulos posibles ¿Cómo dejar de lado este compromiso? ¿Cómo es posible eludir este legado? La libertad de expresión. Pero no todas las producciones defienden los mismos valores ni van en la misma dirección. Documentales y películas que reivindican hechos que hoy representan una verdadera vergüenza en la historia de la existencia humana. Me refiero a aquellas obras que sirvieron de propaganda al totalitarismo. El dilema moral aquí planteado se debate entre los valores de la libertad de expresión y la defensa de la opinión pública. Entre los pensadores del siglo XIX, John Stuart Mill, consideraba que la libertad de pensamiento y discusión son esenciales para una sociedad abierta y tolerante. Sobre las opiniones, por más controvertidas e inicuas que parezcan, deben ser escuchadas y debatidas porque es la única manera de salir del error. Para Stuart Mill la aproximación a la verdad emerge de la concurrencia de los diversos puntos de vista. La expresión de las aspiraciones de los miembros de la sociedad civil contribuye a su propio desarrollo. La publicación del “error” debe estar tan protegida como lo que se supone verdadero. Como contrapartida la teoría de la responsabilidad social sostiene que los medios de comunicación deben aceptar y cumplir determinadas obligaciones con la sociedad. Sobre todo proporcionar información exacta y con una clara referencia al lugar desde el cuál se dicen las cosas. Cuál es el sistema de creencias que da soporte a la producción de información. Además de una regulación que garantice las condiciones de pluralidad y acceso a la información, los medios de comunicación también deben autorregularse para obtener mayor credibilidad. Los medios de comunicación deben evitar todo aquello que induzca al delito, la violencia, o bien que resulte ofensivo para las minorías étnicas o religiosas. La pluralidad de voces tiene que ser reflejadas en este complejo mundo complejo y diverso. La sociedad civil tiene derecho a demandar de los medios, calidad en la información, sin el recurrente uso de la manipulación. Lamentablemente, es en nombre de estos dos principios, el de la libertad de expresión y el de la responsabilidad civil, es que se han justificado lo hechos más aberrantes, como la defensa de los crímenes ejecutados por la dictadura, la censura y la coacción (en nombre del aseguramiento del bien público). Por ejemplo, los medios brindaron información muy parcializada sobre los conflictos de Kraft y de los trabajadores de subterráneos. El eje del conflicto parecía estar centrado sólo en las dificultades para viajar que originó el paro. Poco y nada se dijo sobre la cadena de elusiones y transgresiones legales, en las que incurrieron tanto la autoridad administrativa como los empleadores. No hay ley, ni teoría, que pueda garantizar justicia y el acceso que todo ciudadano tiene a la información y también a opinar con libertad. Son principios todos por los cuales, los ciudadanos, esos "realizadores" de la sociedad civil deben velar permanentemente, participando para no ser objeto de manipulación.


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